El reto de Spoelstra

En el verano de 2011, tras perder su segunda final de la NBA, LeBron James pasó sus vacaciones junto a Dwayne Wade. Las dos estrellas de los Heat necesitaban hablar para reforzar la relación entre ambos y aclarar, de una vez por todas, cuál era el papel de cada uno, o lo que es lo mismo, el momento del 3 de ceder su corona al 6. James sería, desde entonces, el líder indiscutible de un equipo que lograría dos anillos consecutivos y que sólo los Spurs lograron frenar en la pasada final de este mismo año.






Quizás sería correcto decir que el mejor equipo de lo que llevamos de década hayan sido esos Heat del Big-Three que formaron Bosh, Flash y el Rey, pero hay que profundizar para saber cuál (o mejor dicho cuáles) ha sido la clave de ese conjunto para que se alzaran con dos campeonatos consecutivos en los años 2012 y 2013. Si bien ya sabemos que el capitán dejó su puesto al mejor jugador del planeta, no es el único hecho que les hizo subir hasta la cima de la montaña.

Hemos visto cómo otros equipos juntaban estrellas y, aun así, fracasaban y por eso es importante lo nombrado, pero no todo el mérito cae en los hombros de los jugadores. En el banquillo de Miami, un hombre fue capaz de asignar los roles de una manera brillante y, así, crear un ambiente redondo para que James brillara con luz propia. LeBron tenía el papel de liderar en casi todos los aspectos del juego, siendo el dueño y señor de cada partido manejando el tiempo a su antojo. La ayuda la ponía Wade, que ejercía como segunda espada. Chris Bosh elaboraba una función difícil de apreciar pero de importancia vital; si bien era el center titular, tenía que jugar más alejado del aro que nunca, centrándose en facilitar el camino hasta el aro a sus 2 superiores. En el banquillo esperaban los hombres que debían maquillar los bajos números reboteadores de los de Florida y aportar defensa e intensidad; Chris Andersen y Udonis Haslem. Claves eran también los bases, que, si bien no eran los encargados de crear juego, tenían que aportar toda la anotación posible (pues ambos son expertos desde el perímetro (Norris Cole y Mario Chalmers). Tiradores puros también eran Shane Battier, Mike Miller y, posteriormente, Ray Allen y Rashard Lewis, que esperaban cada balón que les diera Bron como agua de mayo.

El balance hasta la final perdida con los ya nombrados papeles repartidos no podía ser mejor. De 3 finales jugadas se ganaron 2 y fue precisamente en la más reciente en la que cada labor no quedó del todo visible y el líder se vio sólo. Spoelstra, un entrenador (hasta entonces) infravalorado, había demostrado a todo el mundo que tenía razón, pero la cosa se complicaba al llegar al presente verano. Dos de sus jugadores más importantes eran agentes libres y, por tanto, podían salir. La llegada de un guard joven que a LeBron James gustaba parecía algo que acrecentaba las posibilidades de continuar en Miami y, a su vez, al aumentar las suyas también aumentaban las de Bosh. Finalmente, como él mismo dijo, ha vuelto "a casa" y ha dicho adiós a la franquicia que le ha dado sus dos anillos. Por su parte, CB1 seguirá en South Beach.

Así todo el esquema se le desmorona a Eric Spoelstra. Sin el eje sobre el que giraba su equipo le toca reestructurar de nuevo la plantilla y ya hay mucho trabajo hecho. En primer lugar, su plaza en el quinteto inicial la ocupará un jugador de menos renombre, pero con capacidad para anotar e intensidad para defender. Luol Deng no será James, pero hará todo lo posible por ayudar a Coach Spo. Además, contará con la competencia de un jugador que, a pesar de que desde su lesión no ha sido el mismo, puede ser bastante aprovechable como es Danny Granger. Bosh se verá obligado a volver a sus días en Toronto. No más triples, ahora toca luchar en la pintura con los grandes guerreros de la NBA. Su contrato es el más alto de la plantilla (superior a los 20 millones de dólares), por lo que no sería de extrañar que se le exigiera anotar más de 20 puntos por partido, como hacía en Canadá. Un rol parecido al que tenía el ala-pívot lo tendrá Josh McRoberts, quien ha desempeñado una función similar en Charlotte y que se ha consagrado como todo un triplista. 

El mejor jugador del mundo parte hacia Cleveland y con él lleva su capacidad para generar juego, que ahora recaerá sobre unos bases que, ahora sí, tendrán que ejercer como playmakers. No obstante, llega para reforzar el puesto un jugador que hizo una gran campaña en Conneticut y sobre el que se tienen grandes esperanzas. Napier puede ser el base titular si las expectativas que hay puestas sobre él finalmente se cumplen.

Pat Riley tiene mi (más que humilde) notable alto este verano. La salida de la gran estrella del equipo no le ha dejado en bragas -disculpen la expresión- sino que, por lo contrario, ha seguido moviéndose hasta conseguir a dos buenos jugadores para su posición y la continuidad de Bosh, que, a priori, es el nuevo jugador franquicia de los Heat. Ya no dan tanto miedo como antaño. Ya nadie habla de ellos como contenders, pero pueden dar la sorpresa. Ahora le toca al banquillo mover piezas hasta configurar un tablero totalmente nuevo. El reto de Spoelstra se basa en cambiar todo el ajedrez. 

¡Gracias por dedicarme un momento! 

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